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Tomar conciencia riendo: la comedia como espejo social

Foto del escritor: amndlopeztru
amndlopeztru
21 oct
4 min de lectura
Función de "Carolina, eterna enmascarada" realizada en la Municipalidad de Maipu para colegios y a todo público.
Función de "Carolina, eterna enmascarada" realizada en la Municipalidad de Maipu para colegios y a todo público.

Por Diana Rivera Martinic, cofundadora de La Teatral Chile


¿Te ha pasado estar viendo una comedia, reírte de un personaje y, a mitad de la carcajada, reconocer en él una frase que tú mismo has dicho? Esa risa que se corta un poco es de lo más valioso que nos puede dar el teatro: por un segundo vemos desde afuera algo que hacemos todos los días sin pensarlo.


Pasa mucho con las costumbres que heredamos. Muchos crecimos escuchando que el piropo era un halago, y quien lo decía casi nunca lo hacía con mala intención. Lo que no sabíamos era cómo se vivía desde la otra vereda. Un grupo importante de mujeres hablaba de sentirse insegura en la calle, de no tener el mismo derecho a andar tarde o vestida como quisiera, precisamente por la existencia del piropo como conducta social. En mi tesis universitaria llamé a esa experiencia toque de queda corporal: la percepción, reforzada por padres, parejas, amigos y profesores, de que después de cierta hora el cuerpo de una mujer corre peligro en la calle.


Quien piropeaba desconocía que esa práctica generaba en la otra persona intimidación y miedo a los espacios públicos. Henri Bergson describió este fenómeno en La risa (1900): el personaje cómico «se hace invisible para sí mismo, volviéndose visible para todo el mundo». Muchos mecanismos culturales están tan naturalizados que no nos damos cuenta de que generan violencia. En la tesis propuse que naturalizar es uno de los mecanismos que sostienen la violencia de género, porque «busca que la sociedad naturalice situaciones sin cuestionarlas». La Ley 21.675 ya nombra la violencia simbólica y la Ley Karin pide abordar los estereotipos de género en el trabajo, pero que una violencia esté escrita en un protocolo todavía no la hace visible en el pasillo.


Por eso desde la filosofía y los estudios de género se promueve la deconstrucción, que entiendo como una duda metódica: preguntarse una y otra vez si lo natural, o lo que damos por sentado, está bien o no. Solemos medir al otro con lo que a nosotros nos gustaría, con la vara de nuestro propio deseo, sin verlo en sí mismo, con sus deseos y necesidades. Kant lo formuló así: «Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio». Para Kant, la medida de mis actos está en el otro: si dejan espacio para que esa persona tenga sus propios deseos, aunque sean muy distintos de los míos. Caminar tranquila de noche, vestirse como quiera, pasar sin ser comentada.


Teóricamente suena dificilísimo, y un taller de deconstrucción suena fome. La serie española Machos Alfa, de Netflix, lo resolvió poniendo a sus cuatro protagonistas en un taller de deconstrucción de la masculinidad tóxica. A través de la risa, el espectador ve las prácticas de los personajes, se reconoce en ellas y las desarma sin sentirse acusado.

Hamlet decía que la finalidad del teatro es poner un espejo ante la naturaleza, y montó una obra dentro de la obra para atrapar la conciencia del rey. Aristóteles llamó anagnórisis al momento en que un personaje pasa de la ignorancia al conocimiento. En la tragedia esa toma de conciencia le ocurre al héroe. En la comedia ocurre en las butacas: el personaje sigue sin verse y somos los espectadores quienes nos reconocemos en él. El teatro también entrena el movimiento contrario: para interpretar un personaje, una actriz o un actor tiene que comprender deseos que no son los suyos, y durante una función el espectador habita por un rato una vida distinta de la propia. Desde la butaca, el otro aparece con sus propios fines. Como «nuestra risa es siempre la risa de un grupo», escribe Bergson, el reconocimiento es colectivo y nadie queda señalado.


Frente a la naturalización, la respuesta que propuse en la tesis es la sospecha, y la comedia tiene sus propias estrategias para ejercerla. La ironía dice lo contrario de lo que piensa y necesita la complicidad de quien escucha. El humor describe con detalle lo que es «afectando creer que efectivamente así deberían ser las cosas», según Bergson: muestra el piropo o la interrupción como algo normal, y esa normalidad delata. La sátira, para Linda Hutcheon, ridiculiza los vicios de una costumbre con una intención correctiva que alcanza a todo el grupo. La parodia repite una forma conocida con distancia crítica hasta darle un sentido nuevo.


En La Teatral Chile trabajamos con dos obras que usan estas estrategias. Carolina, la eterna enmascarada, comedia de Isidora Aguirre de 1955, pone en escena el acoso callejero, el paternalismo y los estereotipos de lo que se espera de hombres y mujeres. Ramona es una reversión paródica de Romeo y Julieta que cruza comedia y tragedia, y muestra dónde termina lo que la comedia deja ver mientras ocurre. Después de cada función viene el conversatorio, donde usamos a los personajes para nombrar las violencias: cuando Fernando aborda a Carolina en la calle, eso es acoso callejero. Se habla del personaje y no de uno mismo, y así la anagnórisis de cada espectador se convierte en una conversación de todo el grupo.


Colegios, universidades, municipalidades y empresas deben cumplir la ley y reflexionar sobre la violencia de género durante todo el año, y los 16 Días de Activismo, entre el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, son la fecha natural para hacerlo. Si todas estas instituciones tienen la misma tarea, ¿no deberíamos trabajar en conjunto? ¿Te habías dado cuenta de que el teatro tiene mucho que aportar a esta conversación?



Referencias

Aristóteles. Poética, cap. XI.

Kant, I. (1785). Fundamentación de la metafísica de las costumbres, cap. II. Trad. M. García Morente.

Bergson, H. (1991 [1900]). La risa. Ensayo sobre la significación de lo cómico. Trad. A. H. Raggio. Buenos Aires: Losada.

Hutcheon, L. (2000). Theory of Parody. Urbana: University of Illinois Press.

Rivera Martinic, D. (2020). Hacia la construcción de una estética feminista. Tesis de Licenciatura en Estética, Pontificia Universidad Católica de Chile.

Shakespeare, W. Hamlet, acto III, escena 2.

Ley 21.675, Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres (2024).

Ley 21.643, Ley Karin (2024).

 
 
 

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