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Me estafó un contador y ahí entendí que ser artista no me eximía de nada

Foto del escritor: amndlopeztru
amndlopeztru
24 ago
7 min de lectura

Pie de foto: Jornada de gestión artística y mediación cultural, Curicó, Región del Maule, 2026.


Me estafó un contador. Firmé un contrato de arriendo usurero sin darme cuenta. En ninguno de esos dos momentos me consolé pensando que era artista y no tenía por qué saber. Al contrario: entendí que no saber me estaba costando el proyecto.


Nadie me enseñó a leer un balance. Me formé como actriz, estudié Estética en la PUC, dirección, pedagogía teatral, Alba Emoting. Todas formaciones rigurosas. En ninguna alguien me explicó qué es un estado financiero o cómo se estructura un contrato de arriendo comercial.

Lo aprendí de la peor manera. Y lo que aprendí no fue simplemente «hay que asesorarse». Eso es lo que uno cree al principio, y es insuficiente. Lo que aprendí fue más incómodo: necesito saber lo suficiente como para darme cuenta si el profesional que me asesora me está mintiendo. Esa es la diferencia entre delegar y abdicar.


Nadie te va a descubrir

Sigue circulando en las escuelas de arte de este país la fantasía de que, si tu trabajo es lo suficientemente bueno, alguien lo va a encontrar. No va a pasar. Y no porque el trabajo no sea bueno.


El artista chileno que quiere sostener un proyecto tiene que integrar tres roles: creador, mediador y gestor. No son tres personas, porque casi nunca hay presupuesto para tres personas en el mundo del arte. Son tres competencias que conviven en el mismo cuerpo. Crear es lo que sabemos hacer. Gestionar sostiene la estructura y decide si el proyecto se sostiene y te da de comer. Mediar construye el puente con quien recibe la obra y decide si el proyecto existe todavía en diez años.

Los datos precisan el diagnóstico. Corfo identificó poco más de 45.000 empresas creativas activas en Chile: el 69% son microempresas y el 10% pequeñas. Casi ocho de cada diez operan en una escala mínima, con estructuras que rara vez sobreviven a la salida de una persona clave o al término de un fondo.


Del lado del público, la Encuesta Nacional de Participación Cultural y Comportamiento Lector 2024 trae un dato que conviene mirar de frente: el 26,6% de las personas declara que nunca en su vida ha asistido a una obra de teatro. Mejoró respecto del 35,4% de 2017, pero sigue siendo uno de cada cuatro. El público no está esperando ahí afuera: hay que formarlo. Y formarlo también es trabajo nuestro.

 

El mismo problema, visto desde la escuela

En noviembre de 2024 los ministerios de Educación y de las Culturas lanzaron la primera Política de Educación Artística 2024–2029. En su línea de trabajo 3.3.1 el Estado se compromete a incorporar lo estético de manera transversal en las pedagogías. Firmado por ambos ministerios. Pero no viene con metodología. No dice cómo.

Ya vimos esta película con convivencia escolar y con educación socioemocional: se le pidió a las escuelas incorporar algo para lo cual nadie las había preparado. Se dictó la exigencia, no el conocimiento. El mandato sin socialización ya es un patrón, no un accidente.

Ahora se le pide a los colegios que eduquen estética y creativamente. Y los colegios, con toda honestidad, no saben cómo se hace eso. No es negligencia: nunca se les entregó la herramienta.

El vacío está también en los documentos. Cuando preparé mi exposición para la Mesa Técnica de la Política en Curicó, mapeé los ocho textos ministeriales publicados entre 2012 y 2025. Los que definen el vocabulario —los del Programa Red Cultura— se citan mínimamente en los actuales, pero no trabajan integrados: aparecen en la bibliografía y no en el cuerpo del razonamiento. Así, mediación artística, gestión artística y educación estética se piden como acciones concretas sin estar nunca definidas.


Educación artística no es lo mismo que educación estética

Asimismo, como actriz licenciada en Estética, puedo decirte que la mayoría de los artistas formados en Chile ignora qué es la educación estética, porque no todas las mallas contemplan este concepto importantísimo.


Educación artística es enseñar a hacer arte. Es la que está en el currículum, con las dos modalidades que adopta la política: educación en las artes (enseñar disciplinariamente) y educación a través de las artes (usar el arte como medio para enseñar otras cosas: lenguaje, historia, etcétera).


En cambio, la educación estética es enseñar a percibir. Es formar la sensibilidad: la capacidad de contemplar, de detenerse y deleitarse, de reaccionar honestamente frente a algo. Baumgarten, Errázuriz y Mandoki llevan décadas trabajándola. La política chilena la exige sin definirla.

No son lo mismo ni se resuelven con lo mismo. Un estudiante puede pasar por diez talleres de teatro y no haber desarrollado jamás la capacidad de mirar una obra que no es la suya. Bourdieu y Darbel lo demostraron hace más de cincuenta años en El amor al arte: la necesidad cultural no es innata, se produce mediante la educación y la exposición. Nadie ama lo que nunca aprendió a mirar.

Por eso, en La Teatral Chile llevamos años trabajando en herramientas de formación de espectadores, articulando las emociones agradables del sistema de Susana Bloch —ternura para contemplar, goce para disfrutar, alegría para celebrar lo que un otro logró— con las habilidades de pensamiento crítico y creativo que el propio currículum exige. Eso no es un extra del programa de mano: es la metodología que la línea 3.3.1 pide y todavía no tiene.


La brecha no es la que se suele nombrar

Durante años se repitió que en Chile no había dónde formarse como pedagogo de artes escénicas. Ya no es cierto: la UC tiene formación pedagógica con didáctica de Artes Escénicas y sus diplomados en Pedagogía Teatral y Teatro Aplicado, la Universidad Academia de Humanismo Cristiano abrió su Programa Especial de Licenciatura en Artes y la UMCE ofrece prosecución en Artes Escénicas. La oferta existe. Las brechas son otras dos.


El financiamiento. Los artistas que ya nos dedicamos a la educación tenemos que costear esa segunda formación de nuestro bolsillo, mientras trabajamos. La Política declara como eje la formación de docentes y artistas educadores, pero no resuelve quién la paga. Sin becas ni líneas específicas, profesionalizarse queda condicionado al ingreso de cada persona.


El contenido. En esas pedagogías faltan ramos de mediación y de educación estética. Se enseña a hacer arte y a enseñar a hacer arte. No se enseña a formar espectadores: a que alguien aprenda a percibir, a decodificar una obra, a sostener una lectura propia frente a algo que no creó. Esa es justamente la competencia que necesitamos para que en Chile pueda existir un distrito de artes como en otros países de Latinoamérica, donde veamos consumidores activos de experiencias artísticas. Y tampoco se enseña a articularse con la escuela: qué es un PEI, qué exige el Marco para la Buena Enseñanza, cómo funciona la priorización curricular, cuándo se decide un presupuesto y con quién se habla. Sin eso, el encuentro entre la escuela que necesita y el artista que puede simplemente no ocurre.


El llamado

No propongo que cada artista se convierta en administrador. Propongo que dejemos de tratar la gestión como una traición al oficio y la mediación como un anexo del folleto.

Pero formarnos no basta, y esta es la parte incómoda. Un artista puede saber de gestión, de mediación y de currículum, y aun así no entrar nunca a una escuela. Porque nadie contrata lo que no sabe que le falta. La escuela no está pidiendo mediación: no sabe qué es. Y volvemos al principio, porque si el propio Estado no define el concepto, no podemos esperar que un equipo directivo lo demande.

Entonces el trabajo tiene una tercera parte, la que menos se nombra: traducir. Construir una propuesta de valor donde la necesidad aparezca nombrada en el idioma de quien decide. No llegar a ofrecer teatro, sino mostrarle a una comunidad educativa un problema que ya tiene —convivencia, expresión oral, bienestar docente, una política que debe implementar y no sabe cómo— y cómo las artes escénicas lo resuelven mejor que una charla. Eso es lo que hemos hecho estos diez años en La Teatral Chile, y no lo aprendimos en ninguna escuela de arte. La demanda no estaba esperándonos: hubo que hacerla visible.

Y hay una parte que no requiere magíster ni presupuesto, que se puede empezar mañana: si estás haciendo arte, media. Cuéntale a tu audiencia qué estás haciendo y por qué. Hay que dejar atrás esa idea de que el arte no se explica. No se trata de explicarlo: se trata de entregar claves de lectura, que es exactamente lo que significa mediar. Mediar ayudará a valorar. Un programa de mano que diga algo, una conversación antes de la función, un conversatorio después. Un buen reel de Instagram explicativo. Cada vez que un artista hace eso está formando a un espectador que va a volver. Sin espectadores formados no hay público, y sin público no hay sector que se sostenga o pueda construir industria.


La pregunta ya no es si el arte debe gestionarse. La pregunta es cuántas escuelas van a seguir cumpliendo una política que no saben implementar, mientras quienes podríamos acompañarlas no hemos sabido mostrarles que nos necesitan.



¿Tu comunidad educativa u organización necesita implementar educación artística con sentido? ¿Eres artista y te gustaría saber más de pedagogía, mediación y gestión?

En La Teatral Chile llevamos más de diez años transformando metodologías teatrales en programas de formación. Acompañamos a colegios, municipios y organizaciones en el diseño de experiencias escénicas, mediación y formación de espectadores.


📩 Escríbenos: info@lateatralchile.com

🎭 Conoce nuestros programas: www.lateatralchile.com/para-colegios



Diana Rivera Martinic

Actriz, docente y directora teatral. Licenciada en Estética, Pontificia Universidad Católica de Chile. Coach en Psicología Positiva. Instructora certificada en Alba Emoting. Co-fundadora de la escuela de artes escénicas LA TEATRAL CHILE. Estudiante del Magíster en Dirección y Liderazgo para la Gestión Educativa UNAB.



Referencias

• Bourdieu, P., & Darbel, A. (2003). El amor al arte. Los museos europeos y su público. Barcelona: Paidós.

• Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (2012). Apreciación Artística. Programa Red Cultura. Santiago: CNCA.

• Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (2014). Mediación Artística. Programa Red Cultura. Santiago: CNCA.

• Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (2014). Formación de Audiencias. Programa Red Cultura. Santiago: CNCA.

• Corfo (2022). Caracterización de empresas creativas en Chile. Santiago: Corporación de Fomento de la Producción.

• Errázuriz, L. H. (2006). Sensibilidad estética. Un desafío pendiente en la educación chilena. Santiago: Ediciones UC.

• Mandoki, K. (2006). Estética cotidiana y juegos de la cultura: Prosaica I. México: Siglo XXI.

• Ministerio de Educación & Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio (2024). Política de Educación Artística 2024–2029. Santiago.

• Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio & INE (2025). Encuesta Nacional de Participación Cultural y Comportamiento Lector 2024. Santiago: INE.

Etiquetas: gestión cultural · gestión artística · mediación cultural · formación de audiencias · educación artística · educación estética · política de educación artística · teatro y educación

 

 
 
 

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