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Más allá del 8M: Cómo el teatro y el coaching transforman liderazgo femenino el resto del año


Las claves del bienestar docente.
Función para el Depto. de Género de la municipalidad Maipú: "Carolina, la eterna enmascarada", 2024.

Cada marzo celebramos mujeres poderosas, pero el 9 de marzo volvemos a organizaciones donde las mujeres siguen hablando 30% menos en reuniones o siendo interrumpidas continuamente por sus colegas. ¿Hasta cuándo el empoderamiento será teórico y no transformador?


Para el 8M no necesitamos más frases inspiradoras. Necesitamos herramientas prácticas y reales para que las mujeres aprendan a ocupar espacio sin pedir permiso. Las mujeres no necesitan "encontrar su voz", ya la tienen. Necesitan aprender a usarla.


El problema no es la expresión, es lo que nos enseñaron a reprimir


Se piensa tradicionalmente que hay que enseñar a "expresarse", pero expresar solo significa "sacar afuera lo que está preso". Las personas que tienen problemas de expresión no deben aprender algo nuevo; necesitan desaprender los mecanismos de defensa y las creencias limitantes que les impiden usar con fuerza su voz, su cuerpo y sus emociones para mostrarlas al mundo sin temor.


Konstantin Stanislavski, padre del método actoral moderno, entendió esto profundamente. En El trabajo del actor sobre sí mismo (1936), explica que el actor debe "liberar los músculos innecesariamente tensos" y "eliminar las barreras psicológicas" que bloquean la expresión auténtica. La tarea del actor no es construir una máscara artificial sino remover las capas de tensión y autocensura que impiden que emerja la verdad interior. El arte teatral consiste en desaprender aquellas creencias limitantes expresivas de nuestro cuerpo y mente para poder jugar y expresarse libremente.


¿Cómo afectan aún los estereotipos de género a la libertad de expresión femenina? Rachel Simmons lo describe en The Curse of the Good Girl (2009): "La Buena Niña es aquella que es amable antes que honesta. Es modesta hasta la falta, una complaciente cuidadosa de los demás". Esta socialización comienza en la infancia y construye jaulas invisibles que nos acompañan hasta la adultez profesional. Desde un uniforme escolar que restringe el cuerpo femenino hasta una ocupación territorial mínima: mientras los hombres usan los patios centrales, las mujeres ocupan las banquitas de la periferia, sin hacerse notar.


Cuando hablamos de liderazgo y presencia femenina en igualdad, hablamos de permitir que las mujeres expresen quiénes son y cómo son en el mundo. Pero la baja autoestima social femenina y el síndrome del impostor generan cárceles emocionales que impiden que "las mujeres nos creamos el cuento".


Las raíces del síndrome del impostor


¿Por qué la autoestima social femenina es tan frágil? La investigación de Pauline Rose Clance y Suzanne Imes (1978) sobre el síndrome del impostor reveló algo inquietante: "A pesar de logros académicos y profesionales sobresalientes, las mujeres que experimentan este fenómeno persisten en creer que realmente no son brillantes". De aquí nace esa autoexigencia y la sensación de insuficiencia permanente que cultiva baja autoestima.

Cuando visibilizamos escritoras, científicas y referentes de mujeres líderes en cada área del conocimiento, buscamos generar referentes que ayuden a erradicar esta percepción. Pero la visibilización es solo el primer paso. Se necesitan herramientas corporales y emocionales concretas para replicar ese poder en nuestras propias vidas.


El teatro: la disciplina olvidada del empoderamiento


¿Las técnicas actorales pueden ayudarnos a creernos el cuento? Absolutamente. En una educación tradicional que nunca consideró el teatro en su priorización de conocimientos para una educación integral, olvidamos que el teatro es una disciplina que empodera cuerpos, voces y emociones para desenvolverse siendo cualquier personaje o siendo quien tú quieras ser.


Como señala Augusto Boal en The Aesthetics of the Oppressed (2006): "El teatro es una forma de conocimiento; debería y puede ser también un medio para transformar la sociedad". El teatro con enfoque de género se convierte en un laboratorio seguro donde las mujeres pueden ensayar autoridad, probar voces poderosas y experimentar ocupación del espacio sin ser juzgadas.


El teatro entrena específicamente:


  • Presencia escénica = Autoridad espacial. Una corporalidad adiestrada escénicamente para capturar la atención.

  • Voz proyectada = Hacerse escuchar literalmente. Una voz entrenada teatralmente no se disculpa por ocupar el espacio sonoro.

  • Exploración de personajes poderosos = Ampliación del repertorio expresivo. El escenario permite experimentar con performances de autoridad que no nos permitimos en la vida cotidiana.

  • Reconexión con el espectro emocional completo= El teatro trabaja la emocionalidad, permitiendo sentir y aprender a expresar sin culpa.


El teatro combinado con coaching


El coaching ayuda a identificar creencias limitantes heredadas: "Si hablo mucho soy dominante", "Si digo que no, soy egoísta", "Si me equivoco soy un fraude". Sally Helgesen y Marshall Goldsmith, en How Women Rise (2018), identifican hábitos que limitan a mujeres líderes: minimizar logros, rumiar constantemente, construir sin aprovechar la experiencia acumulada.


Cuando integramos teatro como herramienta poderosa, las mujeres pueden:


  • Reconocer los patrones corporales y emocionales de sumisión aprendidos

  • Experimentar en un espacio seguro con expresiones de autoridad

  • Regular conscientemente sus estados emocionales para sentirse seguras

  • Sostener estos cambios en el tiempo a través de práctica sistemática


No es teoría. No es un cartel inspirador. Es entrenamiento corporal, emocional y cognitivo integrado.


Del performance del 8M a la transformación de los 364 días


Las mujeres no necesitamos más celebraciones en marzo. Necesitamos herramientas para los otros meses del año. Necesitamos espacios donde practicar autoridad sin ser juzgadas. La pregunta ya no es si las mujeres merecen liderazgo. La pregunta es: ¿estamos entrenando a niñas y mujeres para ejercerlo sin pedir permiso?



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Diana Rivera Martinic Actriz, Docente y directora teatral. 

Coach en Psicología Positiva. Instructora certificada en Alba Emoting

Co-fundadora de la escuela de artes escénicas LA TEATRAL CHILE

Estudiante del Magíster en Dirección y Liderazgo para la Gestión Educativa UNAB


Referencias:


  • Boal, A. (2006). The Aesthetics of the Oppressed. Routledge.

  • Clance, P. R., & Imes, S. A. (1978). "The imposter phenomenon in high achieving women: Dynamics and therapeutic intervention". Psychotherapy: Theory, Research & Practice, 15(3), 241-247.

  • Helgesen, S., & Goldsmith, M. (2018). How Women Rise: Break the 12 Habits Holding You Back from Your Next Raise, Promotion, or Job. Hachette Books.

  • Simmons, R. (2009). The Curse of the Good Girl: Raising Authentic Girls with Courage and Confidence. Penguin Press.

  • Stanislavski, K. (1936/2008). El trabajo del actor sobre sí mismo en el proceso creador de la vivencia. Editorial Alba.

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